Hoy quería contaros nuestra experiencia con la piscina plegable Nabaiji, que sin duda, ha sido la mejor compra desde hace mucho tiempo.

Hace poco escribí en nuestro Instagram un post sobre qué hacer con niños en un día de lluvia. Como la lluvia se extendió, hicimos la mayoría de cosas. Pero ahora que casi hemos llegado a 40º en Madrid, pensando en una nueva lista, era incluso más complicado que la de la lluvia.

Mrbebe está en plan etapa imparable, de subir, bajar, escalar, así que el parque es nuestra vía de escape para mi desgracia todas las tardes. Pero llegó el calor y pensé que el día que me compre una casa (no sé si llegará) mi imprescindible tiene que ser una piscina o una terraza grande donde entre una piscina.

Recordaba todos los veranos que he hecho de canguro. En urbanizaciones nuevas, con edificios feos e iguales pero donde me bajaba con los niños a la piscina y a jugar a mil cosas alrededor de ella. También mis veranos en mi pueblo, donde el plan era: piscina, comida, piscina y helado en la plaza. O en Mallorca, donde estudiando bachillerato, cuando llegaba de clase, me daba un baño y a estudiar. Sin duda, soy de cloro. En general no me gusta el agua, prefiero la montaña. Pero entre playa y piscina, llamarme loca, prefiero piscina. Mi odio a la playa viene desde que me rescató la Cruz Roja con 8 años porque el mar me tragó para dentro, desde que en Valencia me picaron mil medusas, desde que no ves dónde pisas, la arena te quema y hay que ir cargado como si te mudases.

Así que empecé a buscar opciones de piscinas en el centro de Madrid. La única a la que puedo ir andado desde casa es la de Canal de Isabel II que pertenece a la Comunidad de Madrid. Cuando me hice el camino hasta la taquilla, me dijeron que la entrada de mrbebe costaba 3,85€ y la mía 4,4€ (la normal son 5,5€), vamos casi 9€ al día por bañarnos los dos. Así que, miré mi odiado parque, que está a 100 metros de la puerta de mi casa, que es de arena y en el que hay sombra toda la tarde y pensé: “Si no puedes con el enemigo, únete a él”.

Así que un día de vuelta del trabajo, pasé por Decathlon y me llevé la última piscina de este tamaño que quedaba. Este modelo tiene tres tamaños, uno más pequeño que lo descarté porque no tenía bolsa para transporte. El mío que mide 88,5 y solo pesa 700gr. Y el más grande que descarté porque pesaba más y me iba a salir más caro llenarla cada tarde.

El único problema de mi parque, y de todo Madrid, es que no tenía ninguna fuente cerca. Así que fui al supermercado y compré dos garrafas de agua de 5l cada una. Llenan la piscina unos 2-3cm y  caben en mi cesta del carrito. Así que cada tarde, lleno las garrafas, meto la piscina en la bolsa del carrito y en otra bolsa, crema de sol, toalla, juguetes y pañal de agua.

La piscina acaba por supuesto llena de arena, con 10 niños deseando tirarse de cabeza y con mrbebe fresquito y feliz. Con 19 meses, entra y sale solo de la piscina. Así que se pasa toda la tarde en el parque, corriendo solo con el pañal de agua, haciendo castillos, tirándose por el tobogán y feliz.

Yo de broma digo que me falta el chiringuito y una piscina de mi tamaño. La primera semana pensé que los padres me acabarían denominando “la loca de la piscina”, pero después de dos semanas de uso intensivo, la piscina está como nueva y a mí me ha dado pie a hablar con padres que no conocía y otro ha copiado mi idea.